Todo me da vueltas. ¿Soy yo o es el mundo?
Bailo. Bailo. Bailo. Me invade una sensación de tranquilidad abrumadora. Echo mi pelo hacia atrás y sigo bailando, con una sonrisa en mi soledad. No me importa que me miren, no me importa lo que piensen, no me importa nada. Solamente sigo bailando sin parar, sin pensar, sin sufrir.
¿En qué momento he cruzado la línea?
Las luces giran a mi alrededor, se vuelven borrosas ante mis ojos agotados por escudriñar la oscuridad. No sé si hay una salida. Siento que la densa oscuridad me rodea hasta tal punto que no va a quedar nada de mí. Parece que voy a desaparecer.
Pero no importa, sigo bailando. Cierro los ojos y sigo bailando con mi sonrisa tranquila, aguardando el fin. Bailo hasta que me desvanezco, hasta que mi cuerpo no puede resistir más, hasta que mi mente se da por vencida.
¿En qué momento me rendí?
Todo a mi alrededor es oscuridad, las estrellas la atraviesan fugazmente y las luces parpadean en este océano de caos. Y no sé qué esperar. Pero pienso seguir bailando hasta que me ahogue en él, hasta que la vida me mate por completo, hasta el suspiro triste, melancólico y falto de esperanzas.