Es curioso cómo desaparece la gente de tu vida. De un día para otro, sin avisar, simplemente *plaf*, y si te he visto no me acuerdo. Y no hay ningún motivo, no tiene que ser algo que se vea venir desde hace tiempo, no tiene por qué haber una discusión o una diferencia significativa de opiniones. No pasa nada, y sin embargo acaba todo. No hay un adiós, ni un hasta pronto, ni una cuestión sin resolver, sin contestar. Sólo acaba ahí, y nadie sabe por qué.
O quizás sí, quizás haya ocurrido de todo y se haya acumulado con el paso del tiempo. Quizás, en determinado momento y de forma inesperada, revienta y se crea un muro entre dos personas.
Pero está bien así, ¿no es cierto? Sea como sea, el muro está ahí, con o sin motivo, y parece que es a gusto de todos. Nada debe cambiar y todo está mejor así. Es algo que directamente queda atrás, y nadie le da muchas vueltas.
Y aun así, de repente, en muy raras ocasiones, llegan las preguntas. ¿Qué ocurrió? ¿Qué es lo que cambió, provocando que las cosas estén así pero nadie se queje?
Pero, aunque formule estas preguntas, se quedarán sin respuestas, sin salir de mi boca, así como ese adiós que nunca se pronunció.