Es difícil. Siento que nunca voy a ser querida. Y eso está
bien, es simplemente producto de valorarme por la aceptación de los demás. No
es que no sea querida, es que aun si lo fuera, yo simplemente no lo creería.
Intento huir de la dependencia y de mi zona de confort para poder estar conmigo
misma y pensar. Sin embargo, a cada instante de debilidad siento el
irrefrenable impulso de acudir a la persona a la que me haya agarrado en ese
momento. La persona que apretará mi mano y no me dejará caerme. Quiero pensar
que nunca me soltará, pero es inútil. Cada uno tiene su camino propio, y esperar
que alguien se aparte del suyo para poder tirar de mí es simplemente egoísta.
No puedo depender de nadie más. Tengo que acabar de
valorarme por la aceptación ajena. Pero, ¿cómo? ¿Hay algo de valor acaso? ¿Qué
sentido tiene? ¿No es más sencillo dejarse llevar por la corriente una vez más?
No puedo apreciarme a mí misma si no veo nada digno de aprecio, si a cada
momento que me quedo sola el mismo silencio me destruye.
Soy incapaz de ver qué tengo que ofrecer, qué aporto, quién
soy. No es una opción que alguien me diga que todo está bien, que no estoy
sola.
Porque sí lo estoy, y no sé vivir con ello.
¿Cómo puedes convivir con la persona que más te odia?
Acabarás siendo destruida.
No me importa. Es lo que debo hacer.
¿Por qué no pides ayuda? ¿Realmente crees que será mejor
estar sola?
No es necesario. Es lo que debo hacer.
¿Por qué no te agarras a alguien, quien sea?
Me aterra. No puedo agarrarme a alguien en quien no confíe
y, si es con alguien que confíe, será aún peor. No puedo cumplir con las
expectativas y sentiré pena de mí misma. Esperaré ser el centro de su mundo y
eso obviamente no ocurrirá, porque nadie nunca será el centro del mío tampoco.
Así que me alejaré y volveré a estar sola, una vez más. Volveré a sentirme de
la misma manera y, además, estará el añadido de haber decepcionado a la persona
que intentaba tirar de mí.
Entonces, ¿quieres estar sola?
No, pero es lo que debo hacer.
¿Qué es lo que realmente quieres?
Que pare este tiovivo y me pueda bajar, sentarme en un banco y observar el cielo con la única compañía del viento. Llegar al final de este camino pedregoso que parece que no acaba nunca. Parar. Descansar. Que se detenga.