viernes, 25 de agosto de 2023

Abandono

Como una ola del mar embravecido arrasaste con todo a tu paso. Sin saberlo, sin quererlo, desmontaste todas las murallas y castillos, desmigajaste cada construcción a sus granos originales. Devolviste toda una ciudad al polvo.

Pero del polvo y las cenizas se renace, se reconstruye. Lo que se tornó oscuro ahora precede al amanecer. Los castillos se endurecen, las murallas se yerguen, las grietas permanecen, pero la ciudad vuelve a cobrar vida. Poco a poco, su flujo comienza a parecerse a lo que otra vez fue. Una reminiscencia de días pasados, de mar en calma.

El mar es impredecible. Vuelve a lanzar olas sin miramientos, atravesando las grietas que no se pudieron cerrar. Pero la ciudad aguanta, y aguanta, y aguanta. Y seguirá aguantando lo que haga falta.

Porque el mar también dota de vida a la ciudad. Sus vistas, su compañía, los días de sol y los días pasados por agua, las anécdotas de la costa que se rememoran durante años, las caricias suaves de la marea, la sensación de flotar durante días. Aun si la agrieta, aun si la erosiona, la ciudad siempre ha disfrutado del mar.

¿Pero qué ocurre cuando el mar abandona la ciudad, cuando la ausencia de las olas permite escuchar todo lo que acallaron en el pasado? Sin nuevas grietas que arreglar, sin murallas que reconstruir. El mar se ha ido, dejando tras de sí un vacío inexpugnable. 

La ciudad observa el horizonte preguntándose si el mar volverá. ¿Lo hará con toda la furia de un tsunami? ¿Destruirá por completo la ciudad, impidiéndole erguirse nuevamente? La ausencia del reflejo de la luna provoca escalofríos. Confusión, ira, tristeza. La única ola que se avecina.

La ciudad arregla sus imperecederas grietas. Fortalece su muralla. Se prepara para la ola más destructiva que haya podido ver jamás. El mar se ha ido, pero nadie sabe si volverá.

Y mientras, esos granos de arena con los que tanto jugamos comienzan a vibrar. Remueven toda la tierra bajo ellos, arañan todo lo que encuentran. Ya no hay una playa a la que acudir, no hay olas que saltar, ni peces que observar.

Espero que el mar encuentre una nueva costa, una lo suficientemente tranquila y reforzada para poder aguantar sus olas. Una ciudad que cuide sus playas, que no permita que el mar se vaya. Una nueva ciudad que luche por la compañía del mar.

La ciudad arreglará sus grietas. Reforzará sus murallas. Se preguntará qué pudo haber cambiado. Temerá el tsunami durante el resto de sus días. Pero el mar no volverá.

Porque esta ciudad solo seguirá mirando al horizonte. 


miércoles, 10 de abril de 2019

Derrumbando los cimientos

Soñé que el mundo era frío y los sueños eternos. El largo invierno llegó para quedarse mientras espalda contra espalda observaban su mutuo reflejo. La nieve cayó y la ventisca arañó la piel que tanto tardó en cicatrizar.

El tacto cálido derritió el hielo, provocó incendios y trajo consigo una primavera jamás esperada. Asustó a la osada noche y despertó al tímido sol. Hizo estremecer los pilares del castillo que había necesitado siglos para su construcción.

Pero entonces todo se detuvo y todo se volvió cristalino: el desgarro de un corazón en llamas, unas pisadas de sangre en la arena y una mirada que no pude encontrar. Era consciente de que la calma previa a la tormenta se cernía sobre nosotros, mas nunca quise verlo hasta que comenzó a diluviar, hasta que los truenos resquebrajaron cada trozo de tierra que habías conseguido arar. La tierra infértil trató de sobrevivir a la tormenta. Puso cada nutriente que ya escaseaba en pos de una nueva oportunidad.

Pero, ¿qué oportunidad puedes darle a unas manos ensangrentadas? Por muy cálidas que sean, ¿merecen ser perdonadas mientras el río escarlata siga fluyendo?

Pero, ¿y después? ¿Semejante mancha puede ser limpiada, o quedarán siempre restos sobre tus manos? ¿Conocerán la piedad, o se sumirán en la autocompasión? ¿Repetirán la masacre o se llenarán de lágrimas?

De todas las armas con las que luchas, el silencio es sin duda la más violenta. Convierte cada momento en un sufrimiento y cada movimiento en puro caos, que a su vez destroza todo a su paso. A cada segundo que pasa destruye con mayor ahínco la ínfima y desgastada esperanza. 

Los trazos que compusieron una viva imagen pierden su nitidez y comienzan a desvanecerse. Todos los recuerdos se vuelven borrosos, como si nunca hubiesen ocurrido. Como en un teatro de marionetas, el telón cae y la obra llega a su final. Y, tras esto, todos los espectadores marchan a casa, conocedores de los falsos acontecimientos y sabiendo que sus vidas no cambiarán. Ignorarán lo que han visto pues mayor importancia no ha tenido. Saben perfectamente que al día siguiente habrá una nueva obra, una nueva trama, una nueva diversión, y todo seguirá adelante.

Nadie se percatará de la ausencia de las marionetas desgastadas, las muñecas incapaces de actuar tras tantos golpes. El telón caerá y subirá una y otra vez, y solo podrán observar desde la lejanía cómo han sido dejadas atrás.  

Y si sigues en la obra, estás de suerte, porque yo ya estoy rota.

miércoles, 30 de enero de 2019

Ghost

Hay un fantasma bajo mi cama. Un espectro que no se apiada. Hunde sus dedos en mi carne al caer la noche, intentando encontrar cada rastro de sangre que pueda quedar. En su búsqueda insistente de vida, nada puede encontrar. No permite que abandone, la osadía no es una opción. La amarga lucha no parece tener fin en las noches frías y enfermas. Resuena la melodía de unos dedos cobardes que se aproximan con cautela a unas cuerdas rotas tiempo atrás. Los golpes desafían con esmero a cada estrella refulgente de cielo. La luna observa impasible cada movimiento, oscureciéndose en armonía con los ojos desesperados que piden auxilio.

Hasta que dejan de hacerlo. Las uñas desgastadas se clavan, rasgando y arrancando todo lo que encuentren a su paso: ropa, carne, sangre. El rojo borbotea y escapa junto a los gemidos. Los crujidos del blanco no son ya escuchados. La pobre y barata imitación de una vida que se esfuma con la noche, los restos de un cuerpo que ya a nadie esconden.

¿A quién pretendes engañar con tu absurdo papel? ¿Quién quedará para recoger el polvo y las cenizas dejados por una destrucción infame y despreciable?

Carne y hueso se funden al alba, espectro que se desvanece bajo la oscuridad de mi cama. Solo quedan el silencio y los jadeos agotados de un juguete roto. Unos ojos que resurgen de la masacre y nunca se abrirán.

El final que una sonrisa artificial no pudo soportar.

martes, 26 de junio de 2018

Solsticio de verano

Es solo una noche de verano más. Una en la que la mente grita y los músculos palpitan. Una de las primeras noches de este esperado verano que parece no llegar nunca. La noche más corta se convirtió en la más larga, y el amanecer anunció su sentencia. El silencio se hizo eterno ante preguntas sin respuesta. Las mentiras y verdades fueron calladas, pues a veces es mejor no decir nada.

El ritmo se aceleró y la respiración se volvió forzada. Los pulmones que se llenan con la fría brisa de la mañana tras una noche a recordar, ocupan un pecho inquieto.

Sin embargo, no pasaba nada. El sueño apaciguaría las dudas y la lucha, hasta que se vio derrotado por un viejo amigo. Y con él, regresaron la noche y los gritos que, aun siendo silenciosos, componían una sinfonía aterradora, un soneto olvidado.

Blanco a rojo en ambos bandos y un contacto doloroso pero extrañado. Un apretón que suplicaba lo que nunca fue concedido. Una mano rechazada y un puñal ensangrentado. Una pieza de puzzle metida a la fuerza lejos de su lugar. Un patrón escrito y desechado por miedo a perder algo valioso. Dos espaldas cuyas manos se intentan alcanzar.

Es demasiado tarde para los ojos tristes que se alejan. Se escucha el eco de un suspiro resonando en el mármol y el tropiezo de unos pies inseguros.

A veces solo hay negro o blanco y, en ocasiones, el último ni siquiera es una opción.

¿Quién decidirá de los dos, entonces? ¿Aquella que ha permanecido desde el principio, o la que prácticamente no ha hecho acto de presencia?

Ambas pelearán ante la implacable vista del insomnio y ninguna sobrevivirá. Una decisión que fue tomada sin importar por quién y una actuación de un solo acto forman un bucle de precoz final.

Game Over

Por muy dulce que sea el beso depositado, la sangre no cesará. Deslizará empapando los labios que tiempo atrás pudo calmar. Creará un lago escarlata a sus pies, silencioso y áspero como el tiempo. Las caricias de una mano acristalada solo reabrirán viejas heridas. No se detendrán, por muchas lágrimas derramadas. ¿Cuánto egoísmo se esconde tras esa sonrisa mortal?

El mar se secó y las estrellas dejaron de caer. En el silencio de la inquebrantable noche pude escuchar los gritos de agonía. Sobreviví al tan esperado calor, que acabó quemando el mismo hielo. Creímos ser dos críos con derecho a todo y consideración a nada. Nos quemamos con el suelo que nos sostenía. Hicimos oídos sordos a la melodía que habíamos creado. Y destruimos todo.

El sol dejó de esconderse y, con él, las nubes que durante tanto habían tapado la verdad. Volvieron el frío y la calma, y se detuvo el tiempo. En el amanecer se curaron los rasguños y hematomas. Empujé la rueda y aprendí lo que es el verdadero calor. El fuego ya no fue necesario ni extrañado.

Y, a pesar de todo, intentas arreglar un juguete que tú mismo rompiste. Tratas de reanudar un juego que nunca debió dar comienzo. ¿Acaso no eres consciente de que desgarramos el tablero con nuestras propias manos? No existen ya la meta ni la salida, solo un incómodo silencio que lo inunda todo.

Los días brillan más ahora que mi fuente no fluctúa, ahora que no huye. Mis manos congeladas han dejado de herir y las quemaduras han sanado, mas nunca desaparecerá su recuerdo.

Ya no queda ningún jugador en pie.

Felicidades, has perdido tu propio juego.

viernes, 2 de marzo de 2018

Veneno y sal

Veneno que flota e intoxica el aire, invisible para ella. Marchita el camino por donde pase y los gritos se convierten en ecos nunca escuchados. Su mirada perdida se centra en el lago que reposa ante ella, inconstante mas en calma. Da un paso y luego otro, y es capaz de escuchar, por primera vez, alguno de los gritos apagados que quedan tras ella. Sin embargo, no se gira. Conoce la procedencia de los gritos pero el lenguaje le resulta incomprensible. Solo quiere que se detengan.

Cuando el agua y sus pies se encuentran, le recorre un escalofrío. La atraviesa un último deseo de retroceder, de dar marcha atrás y alejarse de aquella oscuridad. Al girar, vislumbra en la noche la hierba marchita y las respiraciones forzadas. La inunda el pánico, incluso la oscuridad parece mejor opción.

Da la espalda al camino mientras su cuerpo tiembla. Extiende un brazo hacia el cielo, intentando alcanzar una estrella, conseguir un poco de su brillo. Pero las estrellas no aceptan su demanda, pues no hay nada a cambio. ¿Se convertirá, ella también, en una estrella eterna?

Avanza por la orilla con lentitud, sintiendo en su cuerpo la fría agua que no tiene ni un ápice de compasión. Sigue sin comprender el porqué del frío ni el motivo de la podredumbre del camino. Cuanto más camina y se tortura, más veneno se desprende de su cuerpo. Incluso el lago comienza a perecer. Pero ella sigue sin poder verlo.

Cuando el agua encuentra su cuello, una lágrima mezcla de sal y veneno recorre su mejilla y se evapora. No toma aire, no tendría sentido. El agua le enfría la coronilla y aparece una leve sonrisa. Se hunde, perdida la esperanza. El lago le da la bienvenida y la abraza, haciéndola parte de él.

Mas una caricia cálida la despierta de su letargo, liberándola de su calma. Sus ojos, que han recuperado la vida casi extinguida, pueden solo discernir una silueta que la toma de las manos y una sonrisa triste en su faz. Tira de ella y la devuelve a la vida, abandonando el lago que casi se la arrebata. Posada en el suelo recuperando el aliento, nota escozor en sus manos. Con la poca energía que ha podido recuperar, fuerza los ojos para distinguir algo más de la silueta. La imagen le causa pavor. La silueta, aún sonriente, se encuentra cubierta de una sustancia pastosa y oscura que parece producirle grietas en la piel. Las manos que la salvaron han perdido la forma y están ensangrentadas.

Al darse cuenta de la pérdida de sangre, la toma en sus brazos, dejando caer una lágrima. Se escucha la caída de algo pegajoso al suelo. Fragmentos comienzan a deslizar junto con una sangre de indescriptible hedor. El abrazo se esfuma con brusquedad, y solo puede ver a la persona que la había ayudado, completamente agrietada por el veneno. Quiere abrir la boca, mas solo deja escapar un chillido cuando mil pedazos estallan ante ella.

¿Dónde está el límite?

martes, 6 de febrero de 2018

Copos de nieve ❤ Feliz San Valentín

Como dos gotas de agua que caen al suelo sobre un mar de lluvia, se pierden una y otra vez y desconocen si volverán a encontrarse. Se alejan y se acercan, sin otra brújula que el frío. Como un copo de nieve tenaz que se cristaliza con tanta fuerza y estabilidad y, sin embargo, es tan frágil sobre tus manos. Como una mirada mal disimulada que se desvía con rapidez de su objetivo pero nunca deja de observar. Como una caricia reprimida que no puede echarse atrás. Los movimientos tanto tiempo estipulados se salen de su control y los pensamientos manipulados por sí mismos se vuelven conscientes de la realidad. Conocedores de lo que está por llegar, aceleran la respiración y el tempo se pierde por completo. Los nervios afloran y las manos que tocaban comienzan a temblar. El estridente sonido retumba por todo el lugar y un par de manos aplauden la obra de precoz final. Los dedos se deslizan por las teclas hasta dejarse caer al agua. La partitura se encharca y todo vuelve al comienzo.
Nada ha ocurrido, la meta es el punto de salida.

Pero en esta ocasión, las gotas se encuentran y nadie sabe por qué. Por primera vez, la nieve no se deshace y los dedos siguen tocando, jugando con las teclas y saboreando cada sonido con éxtasis. Con cada compás se escapa un suspiro y una sonrisa con cada sostenido. La música no deja de sonar, buscando poder ahogarse en los brazos y asfixiarse en las caricias. Cada nota se convierte en una pincelada del cuadro más bello que mis dedos puedan interpretar. El aire se esfuma y todo se hunde, tratando de encontrar ese punto en el que las gotas de agua se encontraron, en el que dos almas conectaron.