Cada paso que doy, se siente como un paso hacia atrás. Cada decisión que tomo, en este preciso instante, me parece la correcta. Sin embargo, puede que mañana me parezca la peor decisión de mi vida.
Siendo así, ¿cómo voy a saber adonde dirigirme? ¿Cómo puedo encontrar el camino correcto, el camino donde menos daño provoque y menos errores cometa? Todos los caminos que puedo tomar ahora se presentan como catastróficos, crueles y solitarios.
Pero no puedo ver ningún otro camino. No hay alguno en el que vea a una persona a mi lado, sosteniendo mi mano, sin estar completamente segura de que, más tarde o más temprano, la acabará soltando.
Simplemente no sale de mí. Me estoy forzando. Estoy dejando que me fuercen. Intento dejarlo todo correr, de forma que pueda culpar a otro de mis decisiones. Me dejo arrastrar por el camino de quien tire más fuerte. Y eso tiene que acabar. Tengo que hacerme completamente responsable de mis errores. Tengo que decidir, por una vez, en lugar de dejar que decidan por mí.
Puede que tome las peores decisiones que estén en mi mano. Es posible que consiga el final más desolador para mi. Pero, ¿qué otra cosa puedo hacer? Al menos, podré afirmar que no me dejé llevar por nadie. Podré asegurar que en ese momento me pareció lo correcto a mí.
Y, a pesar de que soy capaz de razonar todo esto, no soy capaz de actuar. Hacía tantos años que no sentía de una forma tan fuerte y grotesca la apatía.
Hola, compañera. ¿Qué has estado haciendo? ¿Por qué me has abandonado tanto tiempo? ¿Por qué vuelves ahora, que aparentemente las cosas volvían a ser correctas, ahora que todo volvía a su cauce? ¿Acaso ambas conocemos ya el desenlace de esta historia?
Ah, apatía. ¿Cómo he podido estar tanto tiempo sin tu compañía? ¿Qué fue lo que hice para que me abandonaras a mi suerte, para que me obligaras a aprender por las malas el significado de la vida?
Ojalá ocurriera algo que pudiera justificar tu vuelta. Así podría entenderlo y actuar conforme a ello. Pero no puedo, y al final me voy acostumbrando. No todo tiene sentido, no todo tiene una lógica ni todo sigue el sentido común. Si así fuera, probablemente no estaríamos paradas en este punto.
¿Acaso has vuelto para impedir que consiga aquello que está tan cercano, y que pensé que nunca llegaría?
Oh, apatía. ¿En qué momento me atreví a asegurar que no me rendiría?
La fina barrera que separa la cordura del delirio empieza a deslizarse como si de una gota de agua se tratase.
martes, 27 de septiembre de 2016
sábado, 24 de septiembre de 2016
24
Hay algo extraño esta noche. No sé qué es. Una sensación desconocida provoca en mí sudor frío. ¿Qué ocurre?
Nunca. Jamás sabrás cómo me siento. No sabrás la imagen que evocas a mi mente ni lo que me hiere. No podrás entenderlo. Y, sin embargo, es mejor así. A veces simplemente hay que saber dejarlo ir. Que se quede atrás, y avanzar. Nunca será como si nada hubiera pasado. Jamás se podrá borrar. Pero al menos quedará difuminado por el paso del tiempo. La niebla de mi memoria tapará el dolor y el arrepentimiento, así como esconderá en lo más profundo de mí todo lo que pienso y no puedo decir.
Y, aun así, deseo lo mejor para ti. He perdido la cuenta de las veces que pedí a las perseidas que pudieras avanzar, que fueras capaz de superar todo, que la felicidad inundara tu vida de una vez por todas, que no pares de sonreír. Y a la siguiente partícula que observe, le rogaré que podamos odiarnos. Le suplicaré que nos conceda aquello que tanto ansiamos, y a la vez tememos.
¿Podrá cumplirlo, aquella que siempre ha escuchado mis deseos? ¿O es una tarea demasiado amarga para una existencia tan efímera? Acercándose a su final, me permito la osadía de ser egoísta y desear un sentimiento tan oscuro. ¿Cómo se sentirá al oír algo así de mí, que siempre he rezado por la felicidad de alguien? Incluso siendo para mí, en otras ocasiones lo ha cumplido. Pero tengo la sensación de que este deseo provocará que ella también me odie. Puede que para el momento en el que yo pueda encontrarme con otra estrella fugaz, ya sea demasiado tarde. Puede que ya hayamos conseguido lo que queríamos, o puede que ya ni lo recordemos. Pero, ¿y si no es así? ¿Y si la próxima vez provoca que tu recuerdo se abra paso a través de mi mente? ¿Seré capaz de desear que me odies, a pesar de que yo siempre sentiré que sigo aquí para ti?
Me pregunto cuándo leerás esto. ¿O acaso ni siquiera lo harás? Probablemente sea lo mejor. Vivir tu vida, al fin, con algo de fuerza y voluntad, con esperanza, sin leer la que espero que sea la última entrada que te dedico, dejando que mis palabras queden en el olvido.
Y yo, aquí, tejiendo sin ningún cuidado ni compasión la felicitación más catastrófica que mi alma ha podido crear.
Felicidades.
Nunca. Jamás sabrás cómo me siento. No sabrás la imagen que evocas a mi mente ni lo que me hiere. No podrás entenderlo. Y, sin embargo, es mejor así. A veces simplemente hay que saber dejarlo ir. Que se quede atrás, y avanzar. Nunca será como si nada hubiera pasado. Jamás se podrá borrar. Pero al menos quedará difuminado por el paso del tiempo. La niebla de mi memoria tapará el dolor y el arrepentimiento, así como esconderá en lo más profundo de mí todo lo que pienso y no puedo decir.
Y, aun así, deseo lo mejor para ti. He perdido la cuenta de las veces que pedí a las perseidas que pudieras avanzar, que fueras capaz de superar todo, que la felicidad inundara tu vida de una vez por todas, que no pares de sonreír. Y a la siguiente partícula que observe, le rogaré que podamos odiarnos. Le suplicaré que nos conceda aquello que tanto ansiamos, y a la vez tememos.
¿Podrá cumplirlo, aquella que siempre ha escuchado mis deseos? ¿O es una tarea demasiado amarga para una existencia tan efímera? Acercándose a su final, me permito la osadía de ser egoísta y desear un sentimiento tan oscuro. ¿Cómo se sentirá al oír algo así de mí, que siempre he rezado por la felicidad de alguien? Incluso siendo para mí, en otras ocasiones lo ha cumplido. Pero tengo la sensación de que este deseo provocará que ella también me odie. Puede que para el momento en el que yo pueda encontrarme con otra estrella fugaz, ya sea demasiado tarde. Puede que ya hayamos conseguido lo que queríamos, o puede que ya ni lo recordemos. Pero, ¿y si no es así? ¿Y si la próxima vez provoca que tu recuerdo se abra paso a través de mi mente? ¿Seré capaz de desear que me odies, a pesar de que yo siempre sentiré que sigo aquí para ti?
Me pregunto cuándo leerás esto. ¿O acaso ni siquiera lo harás? Probablemente sea lo mejor. Vivir tu vida, al fin, con algo de fuerza y voluntad, con esperanza, sin leer la que espero que sea la última entrada que te dedico, dejando que mis palabras queden en el olvido.
Y yo, aquí, tejiendo sin ningún cuidado ni compasión la felicitación más catastrófica que mi alma ha podido crear.
Felicidades.
lunes, 5 de septiembre de 2016
Mejor
No quiero salir de esa jaula de hielo y cristal. Está vacía, fría. Sólo se refleja en el cristal mi indeseable y resignada mirada. Sólo hay una salida, fácil de abrir y difícil de atravesar. Pero no la considero una opción. Tampoco hay ventanas, y la única luz que entra es la que consigue colarse entre el hielo. Pero hay tanta oscuridad rodeando esa pequeña luminosidad, que no puedo evitar temblar.
Escucho pasos, se acercan. Se asoma un ser extraño y siniestro, con una sonrisa con la que podría tener pesadillas toda mi vida. Sus manos recorren mi cuerpo, arrancando cada pequeño trozo como el que arranca un trozo de mala hierba. Sin consideración ni compasión.
"Es mejor que no tengas ojos, sólo te sirven para ver lo que has causado.
Es mejor que no tengas oídos, sólo te sirven para escuchar los llantos inacabables que has provocado.
Es mejor que no tengas boca, pues sólo te ha servido para herir a aquellos que te importan."
No intento escapar, yo también sé que lo mejor es que esté ahí. Congelada, apartada, irrelevante, rota. Una mera reminiscencia de lo que una vez fue. Y nunca más será.
Escucho pasos, se acercan. Se asoma un ser extraño y siniestro, con una sonrisa con la que podría tener pesadillas toda mi vida. Sus manos recorren mi cuerpo, arrancando cada pequeño trozo como el que arranca un trozo de mala hierba. Sin consideración ni compasión.
"Es mejor que no tengas ojos, sólo te sirven para ver lo que has causado.
Es mejor que no tengas oídos, sólo te sirven para escuchar los llantos inacabables que has provocado.
Es mejor que no tengas boca, pues sólo te ha servido para herir a aquellos que te importan."
No intento escapar, yo también sé que lo mejor es que esté ahí. Congelada, apartada, irrelevante, rota. Una mera reminiscencia de lo que una vez fue. Y nunca más será.
sábado, 6 de agosto de 2016
Verano
Todo es oscuridad a mi alrededor.
Vacío.
Vacío.
Vacío.
La ausencia de aire oprime mi pecho y me obliga a dar bocanadas, pero es inútil. De nada sirve ya cualquier esfuerzo. Aún no puedo creer que algo tan cercano pueda alejarse tanto de una forma tan rápida e imperceptible. Aún no puedo creer que todo haya cambiado tanto, que mi mundo se encuentre patas arriba y sólo tenga un mapa desdibujado para guiarme. No puedo hacer otra cosa que dar vueltas sobre mí misma intentando encontrar el camino, dar con la respuesta correcta.
¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Qué instante marcó el antes y el después de un verano abrumador? ¿Qué es lo que deseo? ¿Cuánto tiempo permanecerá la presión en mi pecho?
Intento imaginarme flotando en el aire, pudiendo llenar mis pulmones de oxígeno al fin, para provocar un ligero alivio. No sé cuándo dejará de funcionar. No sé cuándo cesaré de flotar en el aire y caeré.
No veo el momento en el que llegue al suelo, sólo la agonía del final que se precipita.
Vacío.
Vacío.
Vacío.
La ausencia de aire oprime mi pecho y me obliga a dar bocanadas, pero es inútil. De nada sirve ya cualquier esfuerzo. Aún no puedo creer que algo tan cercano pueda alejarse tanto de una forma tan rápida e imperceptible. Aún no puedo creer que todo haya cambiado tanto, que mi mundo se encuentre patas arriba y sólo tenga un mapa desdibujado para guiarme. No puedo hacer otra cosa que dar vueltas sobre mí misma intentando encontrar el camino, dar con la respuesta correcta.
¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Qué instante marcó el antes y el después de un verano abrumador? ¿Qué es lo que deseo? ¿Cuánto tiempo permanecerá la presión en mi pecho?
Intento imaginarme flotando en el aire, pudiendo llenar mis pulmones de oxígeno al fin, para provocar un ligero alivio. No sé cuándo dejará de funcionar. No sé cuándo cesaré de flotar en el aire y caeré.
No veo el momento en el que llegue al suelo, sólo la agonía del final que se precipita.
lunes, 18 de julio de 2016
Sueño
Eres la persona que en mi mundo brilla. Eres aquel que camina entre las zarzas que hago crecer a mi alrededor, mientras me abrazo a mí misma, intentando ocultarme al mundo. Eres el único capaz de apartarlas y ver qué se esconde tras ellas. Ni yo misma soy capaz.
Eres la persona que mis sueños enloquece, que mi mundo acelera. Eres la persona que ocupa mi mente y mi alma. Eres, eres, eres. Eres tanto y eres todo. Y sin embargo no te das cuenta. Tú tampoco puedes ver el brillo que desprendes, pero yo puedo ver el tuyo y tú puedes ver el mío. Quizás, en algún momento de este angosto camino, seamos capaces de verlo por nosotros mismos, de ver lo que el uno ve en el otro. Quizás, y solo quizás, podamos comprender de dónde viene tanto brillo.
Quizás ese paso sea el más importante y determinante, quizás en ese momento nos demos cuenta de lo cabezotas que estamos siendo.
Y en ese preciso instante continuaremos andando el camino. Todo aparentemente igual y, sin embargo, distinto. Completamente inapreciable y para nosotros imprescindible.
Los delirios de las dos se transforman en delirios de las seis. El sol sale y yo me regocijo en su luz, único consuelo de la soledad en una noche helada y oscura.
No me apetece dormir. Aun con los párpados rogando por un descanso y la frialdad de la oscuridad que lucha por quedarse, no quiero cerrar los ojos. Quiero atesorar cada momento, quiero alargar cuánto pueda la calidez de mi pecho que tus palabras han producido. Quiero que esta sonrisa tonta de colegiala dure hasta que tus palabras la reclamen de nuevo.
Y, sin embargo, dormiré. Dormiré porque sé que aun en los sueños seguiré sonriendo, con los sueños enloquecidos en mi mente, con tu viva imagen. Se empiezan a quejar mis sueños. Quieren más momentos, más imágenes y más sentimientos con los que poder jugar a gusto en mi mente. Lo quieren todo y no se van a dar por satisfechos con menos.
Pero por ahora tendrán que aguantar con lo que tienen, estoy segura de que se las arreglarán lo suficiente como para que sueñe sonriendo una noche más, como para que me levante pensando que estás a mi lado aún, como para que me hagan desearte aún más.
Eres la persona que mis sueños enloquece, que mi mundo acelera. Eres la persona que ocupa mi mente y mi alma. Eres, eres, eres. Eres tanto y eres todo. Y sin embargo no te das cuenta. Tú tampoco puedes ver el brillo que desprendes, pero yo puedo ver el tuyo y tú puedes ver el mío. Quizás, en algún momento de este angosto camino, seamos capaces de verlo por nosotros mismos, de ver lo que el uno ve en el otro. Quizás, y solo quizás, podamos comprender de dónde viene tanto brillo.
Quizás ese paso sea el más importante y determinante, quizás en ese momento nos demos cuenta de lo cabezotas que estamos siendo.
Y en ese preciso instante continuaremos andando el camino. Todo aparentemente igual y, sin embargo, distinto. Completamente inapreciable y para nosotros imprescindible.
Los delirios de las dos se transforman en delirios de las seis. El sol sale y yo me regocijo en su luz, único consuelo de la soledad en una noche helada y oscura.
No me apetece dormir. Aun con los párpados rogando por un descanso y la frialdad de la oscuridad que lucha por quedarse, no quiero cerrar los ojos. Quiero atesorar cada momento, quiero alargar cuánto pueda la calidez de mi pecho que tus palabras han producido. Quiero que esta sonrisa tonta de colegiala dure hasta que tus palabras la reclamen de nuevo.
Y, sin embargo, dormiré. Dormiré porque sé que aun en los sueños seguiré sonriendo, con los sueños enloquecidos en mi mente, con tu viva imagen. Se empiezan a quejar mis sueños. Quieren más momentos, más imágenes y más sentimientos con los que poder jugar a gusto en mi mente. Lo quieren todo y no se van a dar por satisfechos con menos.
Pero por ahora tendrán que aguantar con lo que tienen, estoy segura de que se las arreglarán lo suficiente como para que sueñe sonriendo una noche más, como para que me levante pensando que estás a mi lado aún, como para que me hagan desearte aún más.
miércoles, 13 de julio de 2016
Frío
Te echo de menos. Extraño que mi cuerpo se mueva por sí solo en busca del tuyo. Extraño la mera sensación de tu compañía, tus palabras que me hacen flotar. En las nubes, no hay nada abajo, todo es ancho y azul cielo, puro, incorrompible.
Pero el frío llega, impasible y decidido a quedarse. ¿Quien se cree? Ni que fuera tan fácil extinguir la llama. Ni aun con la distancia de su lado, será capaz de apaciguar el fuego que enciende nuestras almas en este verano sin fin.
Adelante, no te quedes ahí mirando.
Este es tu hogar ahora. Aquí has podido refugiarte siempre, y ahora más que nunca arde la chimenea.
No tengas miedo. Es posible que acabes con alguna quemadura. ¿Pero qué es una quemadura menor en comparación al frío?
Abraza tu hogar, protegelo con tus brazos al igual que tú serás bienvenido por los suyos.
No hay nada que temer, que arda el mundo si así lo desea. Que las llamas devoren todo a nuestro alrededor si así ha de ser.
Pero el frío llega, impasible y decidido a quedarse. ¿Quien se cree? Ni que fuera tan fácil extinguir la llama. Ni aun con la distancia de su lado, será capaz de apaciguar el fuego que enciende nuestras almas en este verano sin fin.
Adelante, no te quedes ahí mirando.
Este es tu hogar ahora. Aquí has podido refugiarte siempre, y ahora más que nunca arde la chimenea.
No tengas miedo. Es posible que acabes con alguna quemadura. ¿Pero qué es una quemadura menor en comparación al frío?
Abraza tu hogar, protegelo con tus brazos al igual que tú serás bienvenido por los suyos.
No hay nada que temer, que arda el mundo si así lo desea. Que las llamas devoren todo a nuestro alrededor si así ha de ser.
miércoles, 8 de junio de 2016
Sombras
No vuelvas a esconderte en las sombras de tu propio corazón. No ahora, que me parecía ver su destello por primera vez.
Hablo desde la ignorancia y la incertidumbre, pero con honestidad.
No huyas, ahora que conseguías que avanzara. No te escondas, ahora que lograbas que diera lo mejor de mí, ahora que empezaba a encontrarme cómoda con el cambio.
¿Qué batallas has de ganar?
Yo lucharé todas a tu lado.
¿Qué pesadillas te impiden descansar?
Yo estaré ahí para ahuyentarlas.
¿A qué miedos no te puedes enfrentar?
Yo acabaré con todos ellos.
Sólo no te escondas, no ahora, que intentaba que la esperanza corriera las cortinas para hacerte ver de nuevo el sol, que creía que podría alejar las sombras que te atormentan.
Ingenua de mí, fracaso una y otra vez. Pero no pienso dejar de intentarlo, aunque sea inútil.
Pero no te rindas ahora.
Hablo desde la ignorancia y la incertidumbre, pero con honestidad.
No huyas, ahora que conseguías que avanzara. No te escondas, ahora que lograbas que diera lo mejor de mí, ahora que empezaba a encontrarme cómoda con el cambio.
¿Qué batallas has de ganar?
Yo lucharé todas a tu lado.
¿Qué pesadillas te impiden descansar?
Yo estaré ahí para ahuyentarlas.
¿A qué miedos no te puedes enfrentar?
Yo acabaré con todos ellos.
Sólo no te escondas, no ahora, que intentaba que la esperanza corriera las cortinas para hacerte ver de nuevo el sol, que creía que podría alejar las sombras que te atormentan.
Ingenua de mí, fracaso una y otra vez. Pero no pienso dejar de intentarlo, aunque sea inútil.
Pero no te rindas ahora.
sábado, 28 de mayo de 2016
Supernova
Todo era luz y brillo. Todo eran destellos y belleza, color y vida.
Hasta que el sol explotó, llevándose por delante absolutamente todo. Arrasando con cada pequeña cosa, cada pequeña partícula que pudiera quedar, cualquier reminiscencia de lo que una vez fue.
Y una vez que el sol se ha esfumado, no queda nada. Una vez que ha sido víctima, no hay vuelta atrás.
Solo quedarán como recuerdo los restos de helio y sangre en tus manos. Sólo podrás recordarlo saboreando lágrimas amargas.
Y el sol no estará ahí para aliviarte.
Hasta que el sol explotó, llevándose por delante absolutamente todo. Arrasando con cada pequeña cosa, cada pequeña partícula que pudiera quedar, cualquier reminiscencia de lo que una vez fue.
Y una vez que el sol se ha esfumado, no queda nada. Una vez que ha sido víctima, no hay vuelta atrás.
Solo quedarán como recuerdo los restos de helio y sangre en tus manos. Sólo podrás recordarlo saboreando lágrimas amargas.
Y el sol no estará ahí para aliviarte.
jueves, 4 de febrero de 2016
Todo me da vueltas. ¿Soy yo o es el mundo?
Bailo. Bailo. Bailo. Me invade una sensación de tranquilidad abrumadora. Echo mi pelo hacia atrás y sigo bailando, con una sonrisa en mi soledad. No me importa que me miren, no me importa lo que piensen, no me importa nada. Solamente sigo bailando sin parar, sin pensar, sin sufrir.
¿En qué momento he cruzado la línea?
Las luces giran a mi alrededor, se vuelven borrosas ante mis ojos agotados por escudriñar la oscuridad. No sé si hay una salida. Siento que la densa oscuridad me rodea hasta tal punto que no va a quedar nada de mí. Parece que voy a desaparecer.
Pero no importa, sigo bailando. Cierro los ojos y sigo bailando con mi sonrisa tranquila, aguardando el fin. Bailo hasta que me desvanezco, hasta que mi cuerpo no puede resistir más, hasta que mi mente se da por vencida.
¿En qué momento me rendí?
Todo a mi alrededor es oscuridad, las estrellas la atraviesan fugazmente y las luces parpadean en este océano de caos. Y no sé qué esperar. Pero pienso seguir bailando hasta que me ahogue en él, hasta que la vida me mate por completo, hasta el suspiro triste, melancólico y falto de esperanzas.
Bailo. Bailo. Bailo. Me invade una sensación de tranquilidad abrumadora. Echo mi pelo hacia atrás y sigo bailando, con una sonrisa en mi soledad. No me importa que me miren, no me importa lo que piensen, no me importa nada. Solamente sigo bailando sin parar, sin pensar, sin sufrir.
¿En qué momento he cruzado la línea?
Las luces giran a mi alrededor, se vuelven borrosas ante mis ojos agotados por escudriñar la oscuridad. No sé si hay una salida. Siento que la densa oscuridad me rodea hasta tal punto que no va a quedar nada de mí. Parece que voy a desaparecer.
Pero no importa, sigo bailando. Cierro los ojos y sigo bailando con mi sonrisa tranquila, aguardando el fin. Bailo hasta que me desvanezco, hasta que mi cuerpo no puede resistir más, hasta que mi mente se da por vencida.
¿En qué momento me rendí?
Todo a mi alrededor es oscuridad, las estrellas la atraviesan fugazmente y las luces parpadean en este océano de caos. Y no sé qué esperar. Pero pienso seguir bailando hasta que me ahogue en él, hasta que la vida me mate por completo, hasta el suspiro triste, melancólico y falto de esperanzas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)