Todo es oscuridad a mi alrededor.
Vacío.
Vacío.
Vacío.
La ausencia de aire oprime mi pecho y me obliga a dar bocanadas, pero es inútil. De nada sirve ya cualquier esfuerzo. Aún no puedo creer que algo tan cercano pueda alejarse tanto de una forma tan rápida e imperceptible. Aún no puedo creer que todo haya cambiado tanto, que mi mundo se encuentre patas arriba y sólo tenga un mapa desdibujado para guiarme. No puedo hacer otra cosa que dar vueltas sobre mí misma intentando encontrar el camino, dar con la respuesta correcta.
¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Qué instante marcó el antes y el después de un verano abrumador? ¿Qué es lo que deseo? ¿Cuánto tiempo permanecerá la presión en mi pecho?
Intento imaginarme flotando en el aire, pudiendo llenar mis pulmones de oxígeno al fin, para provocar un ligero alivio. No sé cuándo dejará de funcionar. No sé cuándo cesaré de flotar en el aire y caeré.
No veo el momento en el que llegue al suelo, sólo la agonía del final que se precipita.