Simplemente estoy cansada. Pasan los días y aumenta el abatimiento. Intento hacerlo todo lo mejor posible, pruebo nuevas formas de actuar, pero la reacción siempre es la misma.
No importa que me encuentre mal. No importa qué me ocurra. Solo importa la impotencia de quien lo presencia.
Entonces, ¿no sería mejor guardar silencio? Si nadie lo sabe, si todo queda dentro, todo irá bien. Sonreiré. Reiré. Saltaré. Demostraré lo feliz que soy a cada momento. Al final, incluso yo me creeré esa mentira. Y así, seguiré sonriendo, riendo y saltando. Y no habrá nadie capaz de decir que todo mi comportamiento sea una simple actuación, porque nadie reconoce cuándo un buen actor está fingiendo. Solo será una persona más en sus vidas, hasta que se aburran. O hasta que reviente.
En cualquier caso, es mejor así. Porque nadie se pregunta qué pensará la persona que siempre sonríe.
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