miércoles, 11 de octubre de 2017

Evolución

Pensaba que lo más doloroso eran los silencios. Pero ahora que el silencio se ha esfumado, tus palabras se clavan como flechas en cada herida recién cerrada, provocando una nueva hemorragia. Tu tono golpea con impaciencia cada lugar donde quedó un poco de ti, saboreando el edema.
¿Acaso soy una persona tan horrible para merecer esto?

Deja estar el silencio, que inunde la habitación en la que todas las víctimas se reúnen y el culpable se esconde. Permítele gritar hasta que su voz se agriete y su voluntad se haga pedazos, hasta que sus manos tiemblen y su conciencia reviente.

Y cuando todo lo haya abandonado, entenderá. Entenderá que el silencio es un buen compañero y que las palabras se las lleva el viento. Comprenderá que no importa cuánto haya hecho sino lo que vaya a hacer. Sabrá que solo de él depende el bienestar de su mente, y que no importa lo que fuera verdad o mentira si pasado ya está.

Llenará su copa del vino más salado jamás bebido. Rebosará de su plato la carne más oscura jamás arrancada. Lo devorará todo con gusto y sinfonía, con único acompañante el silencio. Y con esa ingrata comida, aprenderá. Aprenderá que el vino y la carne nunca cesarán, por más que se deje amedrentar por el silencio. Seguirá destilando y seguirá cortando por muy destructivo que sea, porque no hay mayor dolor en la vida que el no vivir.

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