miércoles, 30 de enero de 2019

Ghost

Hay un fantasma bajo mi cama. Un espectro que no se apiada. Hunde sus dedos en mi carne al caer la noche, intentando encontrar cada rastro de sangre que pueda quedar. En su búsqueda insistente de vida, nada puede encontrar. No permite que abandone, la osadía no es una opción. La amarga lucha no parece tener fin en las noches frías y enfermas. Resuena la melodía de unos dedos cobardes que se aproximan con cautela a unas cuerdas rotas tiempo atrás. Los golpes desafían con esmero a cada estrella refulgente de cielo. La luna observa impasible cada movimiento, oscureciéndose en armonía con los ojos desesperados que piden auxilio.

Hasta que dejan de hacerlo. Las uñas desgastadas se clavan, rasgando y arrancando todo lo que encuentren a su paso: ropa, carne, sangre. El rojo borbotea y escapa junto a los gemidos. Los crujidos del blanco no son ya escuchados. La pobre y barata imitación de una vida que se esfuma con la noche, los restos de un cuerpo que ya a nadie esconden.

¿A quién pretendes engañar con tu absurdo papel? ¿Quién quedará para recoger el polvo y las cenizas dejados por una destrucción infame y despreciable?

Carne y hueso se funden al alba, espectro que se desvanece bajo la oscuridad de mi cama. Solo quedan el silencio y los jadeos agotados de un juguete roto. Unos ojos que resurgen de la masacre y nunca se abrirán.

El final que una sonrisa artificial no pudo soportar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario