Caminas por el lecho de rosas de pétalos bañados en
sangre. Soñar que la has soñado. Sentir que la has perdido. La mano aciaga se
acerca a tu traslúcida cara hasta que la atrapas con una mano débil y
menguante. No sabes cuánto podrás aguantar así, cuánto tiempo podrás detenerla.
Te agarras como puedes a esas rosas que decoran tus pasos, a esos pétalos que
guían tu camino. Pero de nada sirve. La mano tira de ti y toda resistencia es
inútil. Sabes que no volverás a caminar por ese lecho, que no volverás a sentir
el crujir de la hierba bajo tus pies, que no volverás a sentir sus cálidos
labios de ensueño. De hecho, los únicos que sentirás son esos labios fríos que
ahora inundan tu piel sin un ápice de duda o compasión.
¿Cómo se siente? Se te ve lleno de calma y paz. Me
pregunto cuánto durará. Observa el final de la bifurcación por el que la mano
te arrastra, el camino al que te has rendido. Ya no se te ve tan tranquilo.
¿Crees que no lo mereces? No tengas miedo, sólo camina. No tienes vuelta atrás.
Las llamas danzan en un baile lleno de
fulgor y exaltación, deseosas y ardientes de vida. Es el precio a pagar por
destruir una vida. Y ahora observo, desde mi cielo, cómo te conviertes en la
cena del infierno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario