sábado, 24 de septiembre de 2016

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Hay algo extraño esta noche. No sé qué es. Una sensación desconocida provoca en mí sudor frío. ¿Qué ocurre?
Nunca. Jamás sabrás cómo me siento. No sabrás la imagen que evocas a mi mente ni lo que me hiere. No podrás entenderlo. Y, sin embargo, es mejor así. A veces simplemente hay que saber dejarlo ir. Que se quede atrás, y avanzar. Nunca será como si nada hubiera pasado. Jamás se podrá borrar. Pero al menos quedará difuminado por el paso del tiempo. La niebla de mi memoria tapará el dolor y el arrepentimiento, así como esconderá en lo más profundo de mí todo lo que pienso y no puedo decir.
Y, aun así, deseo lo mejor para ti. He perdido la cuenta de las veces que pedí a las perseidas que pudieras avanzar, que fueras capaz de superar todo, que la felicidad inundara tu vida de una vez por todas, que no pares de sonreír. Y a la siguiente partícula que observe, le rogaré que podamos odiarnos. Le suplicaré que nos conceda aquello que tanto ansiamos, y a la vez tememos.
¿Podrá cumplirlo, aquella que siempre ha escuchado mis deseos? ¿O es una tarea demasiado amarga para una existencia tan efímera? Acercándose a su final, me permito la osadía de ser egoísta y desear un sentimiento tan oscuro. ¿Cómo se sentirá al oír algo así de mí, que siempre he rezado por la felicidad de alguien? Incluso siendo para mí, en otras ocasiones lo ha cumplido. Pero tengo la sensación de que este deseo provocará que ella también me odie. Puede que para el momento en el que yo pueda encontrarme con otra estrella fugaz, ya sea demasiado tarde. Puede que ya hayamos conseguido lo que queríamos, o puede que ya ni lo recordemos. Pero, ¿y si no es así? ¿Y si la próxima vez provoca que tu recuerdo se abra paso a través de mi mente? ¿Seré capaz de desear que me odies, a pesar de que yo siempre sentiré que sigo aquí para ti?

Me pregunto cuándo leerás esto. ¿O acaso ni siquiera lo harás? Probablemente sea lo mejor. Vivir tu vida, al fin, con algo de fuerza y voluntad, con esperanza, sin leer la que espero que sea la última entrada que te dedico, dejando que mis palabras queden en el olvido.
Y yo, aquí, tejiendo sin ningún cuidado ni compasión la felicitación más catastrófica que mi alma ha podido crear.

Felicidades.

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