martes, 27 de septiembre de 2016

Una noche más, una entrada más

Cada paso que doy, se siente como un paso hacia atrás. Cada decisión que tomo, en este preciso instante, me parece la correcta. Sin embargo, puede que mañana me parezca la peor decisión de mi vida.

Siendo así, ¿cómo voy a saber adonde dirigirme? ¿Cómo puedo encontrar el camino correcto, el camino donde menos daño provoque y menos errores cometa? Todos los caminos que puedo tomar ahora se presentan como catastróficos, crueles y solitarios.

Pero no puedo ver ningún otro camino. No hay alguno en el que vea a una persona a mi lado, sosteniendo mi mano, sin estar completamente segura de que, más tarde o más temprano, la acabará soltando.

Simplemente no sale de mí. Me estoy forzando. Estoy dejando que me fuercen. Intento dejarlo todo correr, de forma que pueda culpar a otro de mis decisiones. Me dejo arrastrar por el camino de quien tire más fuerte. Y eso tiene que acabar. Tengo que hacerme completamente responsable de mis errores. Tengo que decidir, por una vez, en lugar de dejar que decidan por mí.

Puede que tome las peores decisiones que estén en mi mano. Es posible que consiga el final más desolador para mi. Pero, ¿qué otra cosa puedo hacer? Al menos, podré afirmar que no me dejé llevar por nadie. Podré asegurar que en ese momento me pareció lo correcto a mí.

Y, a pesar de que soy capaz de razonar todo esto, no soy capaz de actuar. Hacía tantos años que no sentía de una forma tan fuerte y grotesca la apatía.

Hola, compañera. ¿Qué has estado haciendo? ¿Por qué me has abandonado tanto tiempo? ¿Por qué vuelves ahora, que aparentemente las cosas volvían a ser correctas, ahora que todo volvía a su cauce? ¿Acaso ambas conocemos ya el desenlace de esta historia?

Ah, apatía. ¿Cómo he podido estar tanto tiempo sin tu compañía? ¿Qué fue lo que hice para que me abandonaras a mi suerte, para que me obligaras a aprender por las malas el significado de la vida?

Ojalá ocurriera algo que pudiera justificar tu vuelta. Así podría entenderlo y actuar conforme a ello. Pero no puedo, y al final me voy acostumbrando. No todo tiene sentido, no todo tiene una lógica ni todo sigue el sentido común. Si así fuera, probablemente no estaríamos paradas en este punto.

¿Acaso has vuelto para impedir que consiga aquello que está tan cercano, y que pensé que nunca llegaría?

Oh, apatía. ¿En qué momento me atreví a asegurar que no me rendiría?

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